Temblores

mt-fuji-2232246_1920

Pixabay

Esta noche el suelo ha vuelto a temblar. Las autoridades han decretado aislamiento, así que no puedo asistir a mi entrenamiento de espada eléctrica; tengo que quedarme en la cápsula por precaución. Esta vez espero no lamentar la pérdida de otro ser querido. Desde que el volcán inició su actividad, han muerto ya treinta personas, entre ellas, mi mejor amigo y mi hermana. Cuando acabe mi instrucción, me enfrentaré a los Parlowks, acabaré con su tiranía y desactivaré el volcán para siempre.

 

@lidiacastro79

Creative Commons License

Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

Salir de nuevo

Foto propia. Austria, 2017

Respirar el aire fresco y húmedo de la ciudad me ha resultado gratificante, después de estar días, tal vez semanas, encerrado en la penumbra de ese reducido espacio llamado hogar. He salido por ella, no por voluntad; uno se acostumbra rápido a la inactividad total. Lo peor ha sido el esqueleto entumecido; sales a la calle, te desplegas y te estiras entre algún que otro crujido. Lo mejor, sentir las gotas de lluvia sobre mí, notar cómo resbalan hasta precipitarse en el suelo, sin traspasarme, envolviéndome con una frescura que contrasta con la calidez con que ella me sostiene con su mano.

¡Y es que soy un paraguas con suerte aunque a veces me deprima!

 

Lídia Castro Navàs

Desafío 

El edificio se alzaba como un castillo a ojos de los que, nerviosos, se disponían a atravesar sus puertas. Tenían que superar una prueba para la que se habían preparado durante dos calurosos meses. Debían demostrar su astucia ante tal desafío, pues de ello dependía que pasasen de curso. Y es que los exámenes de septiembre son los más temibles para los estudiantes rezagados.

Lídia Castro Navàs

 

Nacer en el suelo

Nací junto con mis dos hermanas en el suelo, un día de verano en medio de un sofocante calor. Continuamos unidas por un mismo cordón umbilical que nos da el sustento necesario para crecer. Hasta el otoño no podremos ser separadas, cuando nuestro cuerpo haya doblado su tamaño y el sol haya dotado a nuestra piel del color anaranjado propio de las calabazas maduras.

Foto propia

Lídia Castro Navàs

El lago esmeralda

Foto propia

Lo llaman «lago esmeralda» por el color de sus tranquilas aguas; lo que nadie sospecha es la verdadera historia que se esconde detrás de ese color. Fue debido a una gran matanza de nereidas por parte del dios Poseidón. En un arrebato de locura transitoria acabó violentamente con la vida de todas las ninfas que habitaban en el lago, derramando su sangre color esmeralda en sus aguas y tiñéndolas para siempre.

Lídia Castro Navàs

Así salvé mi alma 

Foto propia. Austria, 2017

El edificio dedicado a Dios ya estaba terminado. Cada piedra, cada gárgola, cada arco ojival y cada ventana polilobulada había sido construida con mis propias manos. Lo que nadie sabía es que había hecho un trato con el mismísimo diablo, quien, a cambio de la construcción de la iglesia, me había exigido poseer el alma del primer ser que traspasara el umbral del sacro lugar. Pero fui más listo que el diablo e hice entrar a un lobo en la iglesia antes que yo; así salvé mi alma.

Lídia Castro Navàs

A la carrera

Corría lo más rápido que podía, el corazón me latía fuerte y por mis venas dilatadas circulaba rauda la sangre. Mi perseguidor había conseguido clavarme las uñas antes de iniciar la carrera, pero ya veía el refugio a solo unos metros de mí. Respiré aliviado en cuanto pude colarme por ese agujero de la caja de cartón, donde los humanos guardaban disfraces y máscaras. Era un ratón con suerte; el gato tendría que esperar otra ocasión para cazarme.

Esta entrada es para participar en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

Lídia Castro Navàs

 

Maldición 

Era alegre y risueño, pero una maldición que un aprendiz de hechicero le lanzó al azar, lo transformó en un feroz animal de piedra. Y así quedó condenado a estar enfadado por el resto de sus días en la fachada de un palacio del norte de Europa.

Foto propia. Zúrich, 2017

Lídia Castro Navàs

La fórmula 

Foto propia. Suiza, 2017

Mis pasos resonaban sobre la madera al atravesar el puente cubierto. Iba tan rápido como las piernas me permitían. El frío azotaba a aquellas horas de la mañana y mis pies, anegados por la lluvia incesante, empeoraban la situación. Tenía que llevar la noticia al palacio. La información que atesoraba era de vital importancia, pues acabaría con años de amargura.

El hijo del boticario había encontrado la fórmula. Se dejó la máquina agitadora encendida toda la noche, y gracias a ese descuido, Rodolphe Lindt acababa de dar con la receta definitiva que permitiría que todo el mundo disfrutara de la sensación del chocolate fundiéndose en la boca.

Lídia Castro Navàs