Mi receta

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Foto: Pixabay

Primero, necesitas una buena dosis de imaginación, luego añades una pizca de paciencia, una cucharada de ilusión, un puñado de tiempo y, finalmente, un toque de tu propia esencia. Mientras lo mezclas no olvides el aspecto final. Cuando ya esté todo hecho, solo faltará la opinión de los catadores, que son de paladar exquisito, pero siempre dispuestos a probar tus letras.

Y esta es mi receta para escribir.

Lídia Castro Navàs

Transformación

Antes era árbol. Verde savia corría por mis venas y unas fuertes raíces me anclaban a la tierra. Pero llegó un día en que me transformé. Conservé mi esencia, aunque ya no pude notar la brisa en mi corteza; ni la lluvia sobre mis hojas; ni el peso de la nieve sobre mis ramas. Nació en mí una nueva misión: permito que la gente sueñe y deje volar su imaginación. Me gustaba ser árbol, pero ser las páginas de un libro me encanta.

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Fuente: Pixabay

Mi participación para el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

 

Lídia Castro Navàs

Te he visto

Estabas recogiendo tus objetos perdidos en la mensajería. Yo esperaba turno justo detrás, pero no te has percatado. Llevabas una capa marrón que te cubría la espalda y la cabeza; no recuerdo mucho más, porque los nervios al verte han ido ascendiendo como el gas dentro de una botella agitada.

Al irte, has pasado rozándome y me he quedado paralizada, sin aliento.

He estado tentada a ir detrás de ti, pero no lo he hecho. Solo te he seguido con la mirada. El nombre te relucía por encima de la cabeza mientras hablabas con el jefe de asaltos y, en unos segundos, has alzado tu mano y te has desvanecido, llevándote contigo mi tensión. Entonces, he vuelto a respirar y he seguido jugando.

Los avatares son solo eso, avatares (si no fuera porque detrás hay personas).

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Lídia Castro Navàs

Atrevimiento

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Fuente: Pixabay

Era el menor de siete hermanos y eso le forjó un carácter fuerte, pues tuvo que espabilarse por sí solo; jamás recibió ayuda de nadie, ni siquiera esa tarde en que osó salir al balcón, donde el abuelo estaba sentado. Este se mecía de forma cadenciosa mientras degustaba una limonada; a sus pies descansaba Toby y a su diestra, la escopeta. No era su intención molestar al anciano, pero en cuanto lo vio, soltó el refresco y le propinó un balazo. Ahí terminó la vida del atrevido ratón.

Esta entrada es para participar en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

Lídia Castro Navàs

Mi oda para ti

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Llevabas conmigo 39 años. Nunca me había importado que no salieras, que estuvieras ahí dentro, escondido. Hace un par de años, me propuse hacerte salir, que vieras la luz del sol y sonrieras conmigo. El proceso fue largo: los preparativos, las pruebas, la adaptación… lo plasmé en otros textos como este.

Todo estaba preparado para traccionarte. Pero después de diez meses de intentos, tú te negabas a salir y tus compañeros estaban pagando la presión.

Al fin has salido, pero a la fuerza. La extracción quirúrgica ha ido bien, aunque mi cara esté hinchada, amoratada y solo pueda comer puré en muchos días. Ya no podré sonreír contigo, pues un diente falso ocupará tu lugar en un tiempo.

¡Adios para siempre, colmillo derecho!

Lídia Castro Navàs

¡Ya llegó el rey!

¡Ya llegó el rey!

Con sus majestuosos tonos dorados y acompañado de cohetes, fuegos artificiales y música en las calles.

Hay quienes le rinden pleitesía en forma de rituales, donde no faltan el fuego, el dulce y el alcohol.

La alegría por su llegada hace que se olviden de los aspectos más oscuros del rey predecesor.

Démosle la bienvenida que se merece, pues él nos traerá luz, calidez y júbilo. Al menos hasta finales de septiembre, cuando volvamos a despedirlo.

¡Bienvenido, Verano!

Lídia Castro Navàs

Saber perder

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—¿Vamos hasta la orilla?

—Vale, vamos. ¡A ver quién llega antes!

—¡He ganado! —grita de júbilo—. ¡Llegué primera!

—No estoy muy segura. ¿Volvemos a intentarlo?

—Venga.

—¡Volví a ganar!

—No, no ahora sí que no, juraría que yo llegué antes.

—No vuelvo a competir contigo, eres una ola que no sabe perder.

 

Lídia Castro Navàs

Opíparo

Me empezó a doler el estómago y la barriga a la vez. Los pinchazos se intensificaron, entonces, me di cuenta de que mis piernas no respondían; me sería imposible recorrer el camino hasta los baños. Levanté el brazo y con la mirada localicé al sirviente, que me acercó la vasija donde vomité. Después de aliviar mi molestia, continué comiendo, íbamos por el plato nueve y el banquete al que había sido invitado tenía quince.

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Lídia Castro Navàs

En 280 caracteres

He participado en un concurso a través de Twitter en el que me retaban a escribir un micro con un máximo de 280 caracteres (que son los que caben en un tweet) y usar la palabra HIELO. Os dejo aquí el hilo por si os interesa (aún hay tiempo de participar).

Este es el resultado:

Nació en lo más profundo del bosque, allí donde la luz no alcanza el suelo. Su delicada tez relucía como el mineral de alumbre, pero jamás sentiría los rayos del sol acariciándola; pues habitaba lejos de él, del calor, de la luz… solo así conservaba su corazón de HIELO intacto.

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Lídia Castro Navàs

 

Caza nocturna

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Anoche estuve de caza. Me cubrí bien con el embozo, pues había refrescado y me puse a leer mientras esperaba a mi presa. Mis ojos hicieron varios amagos por cerrarse, pero me forcé para no caer en las redes de Morfeo. Y así estuve hasta que mi presa hizo acto de presencia. Su zumbido inconfundible me sonsacó de mi ensoñación. Me incorporé de un salto y cogí el arma, que yacía en el suelo junto a mí. Tardé por lo menos una hora en darle caza, pero su endeble cuerpo sucumbió al zapatillazo que le di.

Espero que no se vuelva a colar otro mosquito en mi cuarto y ose interrumpir mi momento de lectura.

P.D: Era un mosquito, pero me pareció un león; de ahí la foto 😉 jajaja

Lídia Castro Navàs