El final

Aún no lo comprendía… ¿Por qué me vendían después de tantos años a su servicio? Me encontraba en una nave industrial a la espera de que mis viejos dueños acabaran con la transacción. Yo solo quería sentirme seguro y terminar mis días en paz. Entonces me llamaron y me guiaron hasta una sala fría y gris. Allí había un hombre:

—Soy el matarife, ya está todo preparado. Acercadme al caballo.

horse-3183756_1920
pixabay.com

Lídia Castro Navàs

Ayer te vi

gif cielo

Ayer te vi; tú ni siquiera te percataste de mi presencia, pues éramos muchos los que andábamos por la calle de camino al trabajo. No ibas solo, últimamente siempre te veo rodeado por alguna. Pero quedaste al descubierto por un instante y te admiré a lo lejos. Creí sentir tu cálido tacto sobre mi piel y cerré los ojos para deleitarme con esas caricias, pero fue solo una ensoñación, porque en cuanto abrí los ojos de nuevo, volvías a estar escondido tras esas nubes que merodean a tu alrededor.

Querido sol, echo de menos tu presencia, ¡vuelve!

Lídia Castro Navàs

La cura

WhatsApp Image 2018-03-03 at 16.09.38

Ante mis ojos se alzaba un frondoso bosque donde nadie se atrevía a entrar por la presencia de una magia ancestral. Soplaba una leve brisa que hacía que el follaje susurrara mensajes enigmáticos que no alcanzaba a comprender. Y, aunque temerosa, me adentré en ese insólito paraje, pues allí residía la Señora de los árboles, la única capaz de curar mi enfermedad: mis raíces se habían convertido en piernas.

Lídia Castro Navàs

Esta es mi participación en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

Stella

Me sumo a la iniciativa El viaje de la Blog-T-ella y aporto un microrrelato para acompañar tan delicada ilustración en su peregrinar por el mundo de las letras.

message-in-a-bright-bottle2

Stella

Cada noche llenaba el cielo de estrellas; estrellas que ella misma creaba mientras soñaba. Los humanos adoraban observarlas, a solas o en compañía; creían que siempre estaban ahí y podían verlas a causa de la ausencia de sol, pero lo que no sabían es que eran los sueños de Stella, un minúsculo ser que habitaba en una botella, viajaba por la inmensidad del océano y tenía ese preciado don: sus sueños se transformaban en pequeños puntos de luz que escapaban de su cuerpo, se colaban por el cuello de la botella y se esparcían por el universo. Gracias a ella, los humanos tenían estrellas que admirar por las noches.

Lídia Castro Navàs

Tu voz

Recuerdo cuando me hablabas al oído. Era sorprendente cómo tu voz me estimulaba sin remedio. Tú, al otro lado, no podías verme y eras ajeno a tal reacción. Cuando te despedías me quedaba inquieta, anhelando nuestro próximo encuentro. Menos mal que tu programa de radio era diario, si llega a ser semanal hubiera desesperado.

(Por esas voces radiofónicas que estimulan y no se olvidan).

close-3111177_1920

Foto: Pixabay

Entrada para participar en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

 

Lídia Castro Navàs

Observar estrellas

WhatsApp Image 2018-02-07 at 18.18.16

Observar estrellas en el puerto… eso es lo que hacíamos juntos.

—¿Te acuerdas? —le pregunté sin esperar una respuesta.

Anhelo aquellos días en que todo vibraba a nuestro alrededor; la vida vibraba, la misma vida que te abandonó.

—¡Maldito destino! —exclamé arrodillada frente a tu tumba—. Ahora solo me quedan tus recuerdos latiendo en mi memoria.

 

Lídia Castro Navàs

 

128

26981397_10214135487728412_894913082_o

Había contado esos escalones en muchas ocasiones. 128. Suponían la distancia que separaba las caballerizas de mi alcoba, situada en lo alto de la torre norte, justo debajo del palomar. Pronto me acostumbré a dormir con sus arrullos y ese olor tan característico. A lo que no me habitué fue a estar tan lejos de ti, de tu calidez, de tu aroma… Cada día recorría los 128 escalones para llegar a la cuadra y estar un rato contigo, cepillarte y hablarte de cómo ansiaba mi libertad. Tú me respondías con tus relinchos, que aunque no los entendía, me reconfortaban sobremanera.

Lídia Castro Navàs