Robo en el tiempo

Ya tenía la máquina lista y la misión, planeada: entraría de noche en su estudio, localizaría el libro y me lo llevaría conmigo. Sabía que haciéndolo, alteraría la historia y solo contaba con una oportunidad. Viajé a 1605 y robé la primera edición de El Quijote. El problema es que solo era la primera parte. La segunda no se publicaría hasta diez años más tarde. Si hubiera estado más atento en mis clases de literatura…

Lídia Castro Navàs

 

Salir del armario 

No es fácil dar el paso. Que si las plumas, que si las lentejuelas… No es que me gusten, es lo que soy. ¡Qué sensación de libertad poderse mostrar como uno es! ¿No sé cómo he podido estar tanto tiempo encerrado en el armario? La música, las luces, los colores… Me fascina todo a mi alrededor. Sé que habrá quien lo desapruebe, pero me da igual. Ya no aguantaba más en ese maldito armario, entre plástico y naftalina. Solo espero que el año pase rápido para volver a salir en el próximo carnaval.

Firmado: Un disfraz.

Lídia Castro Navàs

La llegada del príncipe 

Foto propia. Barcelona, 2016

Cuando el príncipe llegó a palacio, el mozo de cuadra se encargó de su montura, mientras él fue directo a asearse. Dos días de lucha encarnizada le habían proporcionado un aspecto tosco y un aroma penetrante. Al llegar a sus aposentos, la luz del día se colaba por las ventanas polilobuladas e iluminaba el suelo a través de los cortinajes. Se sintió aliviado, las campañas nocturnas le dejaban unas secuelas que le durarían unos cuantos días. Pero un buen baño y una ración de la más rica carne, y sería otro. Se sacó la pesada armadura y los calzones, entonces entró su madre, la reina, sobresaltándole.

—¡Mira qué horas de llegar… El próximo fin de semana, no sales! 

—Pero mamá… 

—¡Haz el favor de poner tus deportivas en la ventana, huelen que apestan! Deja de leer tus tebeos y métete en la ducha, la comida está casi lista.

—Sí, mamá, ya voy…

Lídia Castro Navàs

Dolor 

Siento un dolor enorme. No duermo bien, me cuesta comer, ya no sonrío como antes…

Todo el mundo parece que ha vivido la situación y me dice lo mismo: “necesitas tiempo”, “te acostumbrarás“, “intenta no pensar en ello”…

Suena fácil, pero… ¡¿Cómo no voy a pensar en ello si tengo la boca llena de hierros?! ¡Maldito sea el día en que acepté ponerme ortodoncia!

Lídia Castro Navàs

 

Hacer frente a tal batalla

Bajo la sombra de un olmo descansaba después de librar una cruenta batalla. A su lado reposaba su armadura dorada y, más allá, pastaba su montura. Se sentía satisfecho de salir airoso de tal contienda. Había sido duro, el sudor aún era visible en su frente y seguro que, tarde o temprano, los efectos adversos empezarían a aflorar.

Un aire cálido se escapó por el final de su espalda dejando quemazón tras de sí. Era la primera evidencia. ¡Y es que atreverse a hacer frente a una fabada de su abuela tenía sus riesgos!

Lídia Castro Navàs

Con esta entrada participé en el concurso que promovió Paula De Grei sobre la novela “La sombra dorada” de Luis M. Núñez o como lo conocemos todos: Lord Alce.