—¡Ya lo han vuelto a hacer mal! Esto pasa por contratar mano de obra barata. ¡¿Es que no habéis hecho nunca un puzle?! Llamad al arqueólogo jefe y arreglad esto antes de que alguien lo vea. Lo haría yo misma, pero es que no puedo…
—Quieres hacer el favor de callarte, palmera. ¡Las demás intentamos hacer la siesta!
Cuando llegan, lo hacen sin esperarlos, ni buscarlos, de improviso. Puedes estar haciendo tus tareas diarias, en la soledad de tu habitación, en el coche en medio de un atasco… no les importa, ellos no entienden sobre el momento oportuno.
No siempre son claros, acostumbran a estar envueltos en brumas. Y casi nunca se presentan solos, suelen ir acompañados de sonidos, imágenes, aromas, emociones… muchas emociones.
En mi caso: el Canon en D de Pachelbel acompañando una filmación en Beta, pequeñas fotografías familiares en blanco y negro, el aroma del café recién hecho los domingos por la mañana y nostalgia… mucha nostalgia.
Así son los recuerdos.
Lídia Castro Navàs
El compañero Juan Antonio de Tarayuela me ha cedido un espacio en su blog para uno de mis microrrelatos. Tengo que reconocer que, más que uno de mis micros habituales, es una reflexión muy personal. Le estoy muy agradecida a Juan Antonio por pensar en mí. No dejéis de visitar su blog TARAYUELA.
Ayer por la mañana fui a la consulta. La charla estuvo bien, porque me encanta conversar, pero me siento engañada. Todo el tiempo hablando de mis padres, de mi relación con ellos, de su relación entre ellos, del trato que tenían conmigo… Y, al final, nada. Como en cada ocasión, llega la hora y me voy por donde he venido, sin avanzar y con trabajo atrasado. Les tengo que decir a mis pacientes que son ellos los que tienen que hablar ¡y no yo!
Le encantaba ir en bicicleta, le sentaba fenomenal. Despejaba su mente y desentumecía su cuerpo. Como cada mañana de sábado iba a visitar a su abuela. Todo el mundo sabía cuánto la quería y mimaba. En la cestita de su bici llevaba unas croquetas caseras especialmente preparadas para ella. Les había dado forma usando dos cucharas, como su madre le había enseñado. Lo que nadie sospechaba era que las croquetas estaban hechas de ojos humanos que ella había arrancado con esas mismas cucharas. Sus víctimas, simples mortales que se habían atrevido a mirarla más de la cuenta.
Mi nacimiento en el palacio pasó bastante desapercibido, pues no era la primogénita y ni siquiera tenía derecho al trono. Pero mi infancia transcurrió feliz: me encantaba corretear por los jardines, me sentía libre en plena naturaleza; esconderme en la cocina, donde siempre encontraba algo que picar; curiosear por las distintas habitaciones, hasta que las sirvientas me echaban a gritos, pues no toleraban mi presencia.
Era algo de lo que mi madre siempre me había advertido: “Los humanos no nos soportan, hija, aunque seamos ratas de palacio.”
Desde la ventana de mi habitación observaba ensimismada la nada. Me había perdido en mis pensamientos, otra vez, mientras escribía la carta. El húmedo y pegajoso tacto de la tinta sobre mi piel me devolvió a la realidad. El resultado fue la inevitable mancha negro azulada en mis dedos y sobre la cuartilla.
La vida da muchas vueltas, como las ruedas de una bicicleta. Esa tarde la ciudad estaba inusualmente tranquila, el sol de otoño era aún cálido y pasear en bici era una buena manera de despejar mi mente embotada. Y funcionó. Los pensamientos que me preocupaban se desvanecieron y la energía rellenó todos mis músculos. En cuestión de minutos me sentía genial, hasta que me arroyó el camión. Topó conmigo de frente. No pude esquivarlo. Ahí, se acabó todo.
Lídia Castro Navàs
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Era una persona decidida, inquieta y activa, de esas que cuando acaban de comprar un aparato tecnológico, lo usan sin leer las instrucciones. No le gustaban nada esos libritos endemoniados, llenos de minúsculas letras en los que nunca encontraba el idioma que buscaba… ¡los odiaba! Pero justo en ese momento, la vida la había puesto en una encrucijada y deseaba tener un manual para saber qué hacer a continuación.
Lídia Castro Navàs
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Se dice que las noches de luna llena aparece ahí, en la vieja iglesia abandonada. No hay muchos que la hayan visto, solo unos pocos. Dicen que en su presencia hace frío pero que no sientes nada, como si todas las emociones se desvanecieran. Su luz los atrae de forma irremediable y ya sabemos los efectos que tiene sobre los varones jóvenes… Pierden el juicio.
¿Qué irónico que el manicomio donde están ahora encerrados se encuentre a tan solo unos pasos detrás de la iglesia, verdad?
Lídia Castro Navàs
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Los gritos de la sala de torturas llegaban hasta mi celda y me hacían estremecer. Solo habían pasado unas horas desde mi captura. Alguien desconfió de mí y me creyó capaz de atentar contra la corona. Había sido un error llevar esa daga debajo de mi vestido a la recepción real.
¡No pretendía matar a ningún miembro de la realeza, era para protegerme! Para protegerme de él
Lídia Castro Navàs
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¿Qué andas buscando? ¿Qué es verdaderamente lo importante a entender y realizar? ¿Quién o qué eres? No somos, desde luego, el pensamiento. ¿Existe un yo separado e individual, o no es más que una imagen mental? ¿Qué son la mente, la conciencia, el Sí Mismo, la luz interior? Preguntas que apuntan a una "respuesta" mucho más profunda y real que lo meramente intelectual: Solo-Ser más allá de toda elaboración mental, discriminación, juicio, conceptualización, definición, categoría o dualidad sujeto-objeto. Una luz cegadora, incondicionada, que todo lo traspasa: la Mente Despierta, que a la vez es la No-Mente. La ausencia de sujeto y de todo registro mental. Todo sencillamente fluye
No se trata de nada sino de seguir viviendo dando una respuesta o una salida a ese vacío existencial original que está en el centro la galaxia llamada "yo".
Emociones, Poesía, Relatos, Carteles, Fotografías. Un doblado, "doblao" en Aracena, el pueblo de mis padres, es un lugar de la casa, en la parte más alta, bajo el tejado, al que se accede por una angosta escalera. Es un espacio no habitable donde se almacenan objetos viejos o de poco uso, y también algunos alimentos, como patatas o cebollas, entre otros. En mi Doblao del Arte guardo mis creaciones, emanadas de mis sentimientos y vivencias, que entroncan con mi imaginación, mi pensamiento, mis emociones, mi presente y mi pasado, todo ello condicionado por mis raíces.