Opíparo

Me empezó a doler el estómago y la barriga a la vez. Los pinchazos se intensificaron, entonces, me di cuenta de que mis piernas no respondían; me sería imposible recorrer el camino hasta los baños. Levanté el brazo y con la mirada localicé al sirviente, que me acercó la vasija donde vomité. Después de aliviar mi molestia, continué comiendo, íbamos por el plato nueve y el banquete al que había sido invitado tenía quince.

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Lídia Castro Navàs

En 280 caracteres

He participado en un concurso a través de Twitter en el que me retaban a escribir un micro con un máximo de 280 caracteres (que son los que caben en un tweet) y usar la palabra HIELO. Os dejo aquí el hilo por si os interesa (aún hay tiempo de participar).

Este es el resultado:

Nació en lo más profundo del bosque, allí donde la luz no alcanza el suelo. Su delicada tez relucía como el mineral de alumbre, pero jamás sentiría los rayos del sol acariciándola; pues habitaba lejos de él, del calor, de la luz… solo así conservaba su corazón de HIELO intacto.

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Lídia Castro Navàs

 

Caza nocturna

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Anoche estuve de caza. Me cubrí bien con el embozo, pues había refrescado y me puse a leer mientras esperaba a mi presa. Mis ojos hicieron varios amagos por cerrarse, pero me forcé para no caer en las redes de Morfeo. Y así estuve hasta que mi presa hizo acto de presencia. Su zumbido inconfundible me sonsacó de mi ensoñación. Me incorporé de un salto y cogí el arma, que yacía en el suelo junto a mí. Tardé por lo menos una hora en darle caza, pero su endeble cuerpo sucumbió al zapatillazo que le di.

Espero que no se vuelva a colar otro mosquito en mi cuarto y ose interrumpir mi momento de lectura.

P.D: Era un mosquito, pero me pareció un león; de ahí la foto 😉 jajaja

Lídia Castro Navàs

El final

Aún no lo comprendía… ¿Por qué me vendían después de tantos años a su servicio? Me encontraba en una nave industrial a la espera de que mis viejos dueños acabaran con la transacción. Yo solo quería sentirme seguro y terminar mis días en paz. Entonces me llamaron y me guiaron hasta una sala fría y gris. Allí había un hombre:

—Soy el matarife, ya está todo preparado. Acercadme al caballo.

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pixabay.com

Lídia Castro Navàs

Ayer te vi

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Ayer te vi; tú ni siquiera te percataste de mi presencia, pues éramos muchos los que andábamos por la calle de camino al trabajo. No ibas solo, últimamente siempre te veo rodeado por alguna. Pero quedaste al descubierto por un instante y te admiré a lo lejos. Creí sentir tu cálido tacto sobre mi piel y cerré los ojos para deleitarme con esas caricias, pero fue solo una ensoñación, porque en cuanto abrí los ojos de nuevo, volvías a estar escondido tras esas nubes que merodean a tu alrededor.

Querido sol, echo de menos tu presencia, ¡vuelve!

Lídia Castro Navàs

La cura

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Ante mis ojos se alzaba un frondoso bosque donde nadie se atrevía a entrar por la presencia de una magia ancestral. Soplaba una leve brisa que hacía que el follaje susurrara mensajes enigmáticos que no alcanzaba a comprender. Y, aunque temerosa, me adentré en ese insólito paraje, pues allí residía la Señora de los árboles, la única capaz de curar mi enfermedad: mis raíces se habían convertido en piernas.

Lídia Castro Navàs

Esta es mi participación en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

Stella

Me sumo a la iniciativa El viaje de la Blog-T-ella y aporto un microrrelato para acompañar tan delicada ilustración en su peregrinar por el mundo de las letras.

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Stella

Cada noche llenaba el cielo de estrellas; estrellas que ella misma creaba mientras soñaba. Los humanos adoraban observarlas, a solas o en compañía; creían que siempre estaban ahí y podían verlas a causa de la ausencia de sol, pero lo que no sabían es que eran los sueños de Stella, un minúsculo ser que habitaba en una botella, viajaba por la inmensidad del océano y tenía ese preciado don: sus sueños se transformaban en pequeños puntos de luz que escapaban de su cuerpo, se colaban por el cuello de la botella y se esparcían por el universo. Gracias a ella, los humanos tenían estrellas que admirar por las noches.

Lídia Castro Navàs

Tu voz

Recuerdo cuando me hablabas al oído. Era sorprendente cómo tu voz me estimulaba sin remedio. Tú, al otro lado, no podías verme y eras ajeno a tal reacción. Cuando te despedías me quedaba inquieta, anhelando nuestro próximo encuentro. Menos mal que tu programa de radio era diario, si llega a ser semanal hubiera desesperado.

(Por esas voces radiofónicas que estimulan y no se olvidan).

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Foto: Pixabay

Entrada para participar en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

 

Lídia Castro Navàs

Observar estrellas

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Observar estrellas en el puerto… eso es lo que hacíamos juntos.

—¿Te acuerdas? —le pregunté sin esperar una respuesta.

Anhelo aquellos días en que todo vibraba a nuestro alrededor; la vida vibraba, la misma vida que te abandonó.

—¡Maldito destino! —exclamé arrodillada frente a tu tumba—. Ahora solo me quedan tus recuerdos latiendo en mi memoria.

 

Lídia Castro Navàs