Dolor 

Siento un dolor enorme. No duermo bien, me cuesta comer, ya no sonrío como antes…

Todo el mundo parece que ha vivido la situación y me dice lo mismo: “necesitas tiempo”, “te acostumbrarás“, “intenta no pensar en ello”…

Suena fácil, pero… ¡¿Cómo no voy a pensar en ello si tengo la boca llena de hierros?! ¡Maldito sea el día en que acepté ponerme ortodoncia!

Lídia Castro Navàs

 

Hacer frente a tal batalla

Bajo la sombra de un olmo descansaba después de librar una cruenta batalla. A su lado reposaba su armadura dorada y, más allá, pastaba su montura. Se sentía satisfecho de salir airoso de tal contienda. Había sido duro, el sudor aún era visible en su frente y seguro que, tarde o temprano, los efectos adversos empezarían a aflorar.

Un aire cálido se escapó por el final de su espalda dejando quemazón tras de sí. Era la primera evidencia. ¡Y es que atreverse a hacer frente a una fabada de su abuela tenía sus riesgos!

Lídia Castro Navàs

Con esta entrada participé en el concurso que promovió Paula De Grei sobre la novela “La sombra dorada” de Luis M. Núñez o como lo conocemos todos: Lord Alce.

Cuando llegan

Foto propia. Flix, 2017

Cuando llegan, lo hacen sin esperarlos, ni buscarlos, de improviso. Puedes estar haciendo tus tareas diarias, en la soledad de tu habitación, en el coche en medio de un atasco… no les importa, ellos no entienden sobre el momento oportuno.

No siempre son claros, acostumbran a estar envueltos en brumas. Y casi nunca se presentan solos, suelen ir acompañados de sonidos, imágenes, aromas, emociones… muchas emociones.

En mi caso: el Canon en D de Pachelbel acompañando una filmación en Beta, pequeñas fotografías familiares en blanco y negro, el aroma del café recién hecho los domingos por la mañana y nostalgia… mucha nostalgia.

Así son los recuerdos.

Lídia Castro Navàs

El compañero Juan Antonio de Tarayuela me ha cedido un espacio en su blog para uno de mis microrrelatos. Tengo que reconocer que, más que uno de mis micros habituales, es una reflexión muy personal. Le estoy muy agradecida a Juan Antonio por pensar en mí. No dejéis de visitar su blog TARAYUELA.

En la consulta 

Ayer por la mañana fui a la consulta. La charla estuvo bien, porque me encanta conversar, pero me siento engañada. Todo el tiempo hablando de mis padres, de mi relación con ellos, de su relación entre ellos, del trato que tenían conmigo… Y, al final, nada. Como en cada ocasión, llega la hora y me voy por donde he venido, sin avanzar y con trabajo atrasado. Les tengo que decir a mis pacientes que son ellos los que tienen que hablar ¡y no yo!

Lídia Castro Navàs

 

En bicicleta 

Foto propia. Suiza, 2017

Le encantaba ir en bicicleta, le sentaba fenomenal. Despejaba su mente y desentumecía su cuerpo. Como cada mañana de sábado iba a visitar a su abuela. Todo el mundo sabía cuánto la quería y mimaba. En la cestita de su bici llevaba unas croquetas caseras especialmente preparadas para ella. Les había dado forma usando dos cucharas, como su madre le había enseñado. Lo que nadie sospechaba era que las croquetas estaban hechas de ojos humanos que ella había arrancado con esas mismas cucharas. Sus víctimas, simples mortales que se habían atrevido a mirarla más de la cuenta.

Lídia Castro Navàs

En el palacio 

Mi nacimiento en el palacio pasó bastante desapercibido, pues no era la primogénita y ni siquiera tenía derecho al trono. Pero mi infancia transcurrió feliz: me encantaba corretear por los jardines, me sentía libre en plena naturaleza; esconderme en la cocina, donde siempre encontraba algo que picar; curiosear por las distintas habitaciones, hasta que las sirvientas me echaban a gritos, pues no toleraban mi presencia. 

Era algo de lo que mi madre siempre me había advertido: “Los humanos no nos soportan, hija, aunque seamos ratas de palacio.”

Lídia Castro Navàs